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Entonces dijo Dios:

He aquí que os doy

toda planta que da semilla,

que existe sobre la faz de la Tierra

y todos los árboles portadores

de frutos que dan semillas.

Estos deben serviros de alimento.

 

Y a todos los animales del campo,

a todas las aves del cielo

y a todo cuanto se mueve

sobre la tierra y que posee aliento vital, les doy toda hierba verde

como alimento.

Y así sucedió. Entonces vió Dios todo cuanto había hecho:

Y he aquí que estaba muy bien.

 

Génesis 1,29-31 

Prólogo

 

Los textos de la Biblia nacieron en el transcurso de siglos. Los hombres escribieron lo que había sido transmitido por la tradición y lo que correspondía a sus propias ideas, que a menudo eran poco compatibles con Dios. Así ha sucedido por ejemplo en lo concerniente a la rapiña sangrienta de cadáveres de animales que supuestamente Moisés llevó a cabo en las celebraciones ante los altares expiatorios. Lo mismo sucede también en el Antiguo Testamento con muchas “instrucciones de Dios“ de cometer infanticidio, robos con asesinato e incluso genocidio, de modo que los nazis se pudieron remitir sin escrúpulos a la Biblia para justificar sus crí­menes, al igual que Martín Lutero para justificar sus sentencias, o al igual que lo hace pocos años un instigador de la guerra de nacionalidad yugoslava.

También el Nuevo Testamento es una obra humana, una recopilación de textos, de cuya compilación resultaron las “Sagradas Escrituras” por decreto eclesiástico. Muchas cosas que de la misma manera habrían de haber sido “sagradas” no encontraron ninguna inclusión en ellas. Mucho de lo que enseñó Jesús de Nazaret permaneció oculto en escritos apócrifos y no fue recogido en la recopilación de los escritos que hoy nos son presentados como evangelio oficial.

Cuando hace aproximadamente 1600 años Jerónimo realizó la primera traducción completa (al latín) de la Biblia por encargo del Papa, estuvo bajo la gran presión del poder eclesiástico y de las fuerzas políticas que estaban surgiendo. Temas como la reencarnación, la ley de siembra y cosecha y las enseñanzas del Nazareno acerca de una relación pacífica de los hombres con los animales, no encontraron ningún lugar en la Biblia eclesiástica. Que Jerónimo conocía bien el amor de Jesús por los animales, lo demuestra claramente la cita de esta página.

Aunque en la Biblia oficial fueran silenciadas muchas cosas, la verdad sale a la luz. Este folleto también contribuirá a ello.

Con esta reunión de citas queremos mos­trar la conexión con el cristianismo originario y rehabilitar a Jesús como amigo de los animales. ¿Quién quiere ayudar a difundir esta verdad?

 

“EL PLACER POR LA CARNE ERA DESCONOCIDO HASTA EL DILUVIO UNIVERSAL;
PERO DESDE EL DILUVIO SE HOS HAN EMBUTIDO
LAS FIBRAS Y LOS JUGOS PESTILENTES DE LA CARNE ANIMAL...

 

JESUCRISTO, QUE APARECIÓ CUANDO SE CUMPLIÓ EL TIEMPO, VOLVIÓ A UNIR EL FINAL CON
EL PRINCIPIO, DE MANERA
QUE YA NO NOS ESTÁ PERMITIDO COMER MÁS CARNE”.

 

Jerónimo (331 – 420)

(Adversus Jovinanum 1,30)

 

 

Palabras de los profetas
en contra de los sacrificios de animales y del comer carne

 

Al lector de la Biblia se le hace creer en numerosas páginas sobre Moisés, que Dios quería que los animales fueran torturados y sacrificados para complacerle. Estos textos fueron tan habilidosamente manipulados, que los creyentes tenían que creer que Dios era un ser perverso, brutal, carente de amor e iracundo, que se alegraba de la matanza  brutal y sin sentido de  los animales. Quién crea que esto es la palabra de Dios, como lo pretende una de las grandes instituciones, cae en la trampa del oscurecimiento de la verdad. Sin embargo, quien lea exactamente a los profetas, encontrará incluso en la Biblia no pocas palabras verdaderas de Dios que escaparon claramente a los correctores y falsificadores de los escritos :

Oseas

“Sus sacrificios de animales y el consumo de la carne me son abominables y el Señor no se complace en ello, sino que se acordará de su iniquidad y los castigará por sus pecados“.

Oseas 8, 13

Isaías

“Quien inmola a un toro es como quien ma­ta a un hombre; quien sacrifica a una oveja es como si estrangula a un perro; quien presenta víctimas para alimento es como el que ofrece sangre de cerdo; quien quema incienso es como si ensalza a un ídolo. Estas cosas eligen en sus caminos y sus almas se complacen en sus abominaciones”.

Isaías 66,3

 

Amós

“Yo aborrezco y rechazo con desprecio vuestras fiestas y no me complace el olor de vuestras asambleas. Y tanto si me ofrecéis holocaustos como oblaciones, no gustaré de ellos; tampoco me complace ver vuestros sacrificios de agradecimiento más exquisitos. ¡Aparta de mí el griterío de tus cantares, pues no me gusta oír la música de tu lira!  Pero que se manifieste la Justicia discurriendo como el agua y la rectitud como una corriente poderosa“.

Amós 5, 21-24

 

Jeremías

“¿Qué me importa el incienso de los reinos árabes y la caña  aromática procedente de tierras lejanas? Vuestros holocaustos no me son aceptos y vuestros sacrificios no me agradan“.

Jeremías 6,20

 

Isaías

“¿De qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios?“ Dice Yavé. “Estoy harto de holocaustos de carneros y de grasa de cebones, y no me complazco en la sangre de novillos, corderos y machos cabríos. Cuando venís a mostraros ante mí, ¿quién reclama esto de vuestras manos?“

Isaías 1, 11 – 12 y s.

 

Miqueas

“¿Con qué me reconciliaré con Yavé y me inclinaré ante el Dios de las alturas?¿Me reconciliaré acaso con holocaustos y terneros añales? ¿Acaso se complacerá Yavé en miles de carneros, en miriadas de ríos de aceite? ¿O he de entregarle a mi hijo primogénito, el fruto de mis entrañas, por mi prevaricación, por el pecado de mi alma? Dicho está, oh hombre, lo que es bueno y lo que el Señor reclama de ti no es otra cosa sino mantener la palabra de Dios  (que no es idéntica a la palabra de la Biblia), ejercitarte en amar y ser humilde ante tu Dios“.

Miqueas 6, 6 – 8

 

Isaías

“Y cuando me extendéis vuestras manos, aparto mis ojos de vosotros; y aunque mul­tipliquéis las plegarias, no os escucho, pues vuestras manos están llenas de sangre. Lavaos, purificaos, apartad vuestra maldad de delante de mis ojos, cesad de obrar mal, aprended a obrar bien, aspirad a la Justicia y ayudad a los oprimidos ”.

Isaías 1, 15 – 17

 

Oseas

“Pues deseo amor y no sacrificios y el conocimiento de Dios y no holocaustos“.

Oseas 6, 6

 

Jeremías

“Pues Yo no hablé a vuestros padres ni les dí orden alguna el día que los saqué de Egipto sobre holocaustos ni otros sacrificios“.                                                  Jeremías 7, 22

“Si tuviera hambre no te lo diría, pues mío es el Orbe de la Tierra y todo lo que hay en ella. ¿Piensas que quiero comer carne de toro o beber sangre de chivos?“

Salmo 50, 13 –14

“No te juntes con los borrachos de vino, ni con quienes se deleitan en el consumo de la carne“.

Proverbios 23, 20

 

Jesús de Nazaret habló en contra
de los sacrificios de animales

 

“He venido para abolir los sacrificios, y si no cesáis de sacrificar, la ira de Dios (la ley de causa y efecto) tampoco os dejará“.

Palabras de Jesús, cit. por Epifanio, Panarion 3,16

 

“Yo quiero misericordia y no sacrificios“.

N.T. Mateo 9, 13

 

“¿Es que no está escrito: Mi casa ha de ser llamada casa de oración para todos los pueblos? ¡Mas vosotros habéis hecho de ella una cueva de ladrones!”

Jesús en Mateo 11, 17

 

Los apóstoles eran vegetarianos

 

Para saber lo que Jesús enseñó sobre el tema del amor a los animales y a la alimentación sin carne, es de provecho saber cómo lo cumplieron sus apóstoles y discípulos. Algunos textos an­tiguos, que de forma significativa no fueron acogidos en el canon de la Biblia, nos dicen lo siguiente al respecto:

Pedro

“Yo vivo de pan y olivas, a las que sólo en ocasiones añado alguna verdura”.

Homilías clementinas XII, 6 ; rec. VII, 6

Pablo

“Jesús me ordenó que no comiera nin­guna carne ni bebiera ningún vino, sino sólo pan, agua y frutos, para que me halle puro cuando quiera hablar conmigo“.

Toledoth Jeschu, Edición Krauss,
Berlín 1902, pág. 113, Palabras de Pablo

Mateo

“Mateo vivía de granos, frutos de árboles y verduras, sin carne”. 

Clemente de Alejandría,

Paidagogus II, 1, 16

 
Juan

“Juan no comió nunca carne”.

Hegesipo, historiador de la Iglesia, según Eusebio. Historia de la Iglesia II, 3

 
Santiago

“Santiago, el hermano del Señor, vivía de semillas y plantas, y no probó ni la carne ni el vino”.                  Epístolas a Fausto XXII, 3

 

 

También los Padres de la Iglesia

advirtieron sobre el

consumo de la carne

Los Padres de la Iglesia o redactores de la Iglesia conocían todavía las fuentes y los manuscritos más antiguos y citaban de ellos. Muchos de ellos habían vivido ya entonces de forma vegetariana/vegana y se habían abstenido del alcohol, o bien recomendaron este tipo de vida. De ello podemos recibir informaciones sobre la alimentación de los primeros cristianos.

 

Juan Crisóstomo

acerca de un grupo de cristianos ejemplares

354-407

“Entre ellos no hay ningún derramamiento de sangre; ningún animal es matado ni troceado; entre ellos no se huele el espantoso olor de la comida de carne..., no se oye ningún alboroto ni ruido tumultuoso. Comen sólo pan, que se ganan con su trabajo, y agua, que les ofrece una fuente pura. Si desean una comida más abundante, se complacen con frutos, y en ellos encuentran un placer más grande que ante la mesa de un rey”.                                                     Homilía 69

 

Clemente de Alejandría

“¿No existe, pues, en el marco de una sencillez moderada una diversidad de comidas sanas: verduras, raíces, olivas, hortalizas, leche, queso, frutas y toda clase de alimentos secos? Entre los alimentos son preferibles aquellos que pueden consumirse directamente sin necesidad de cocerlos, pues en todo momento se nos ofrecen listos para ser comidos y son los más sencillos. Por este motivo el apóstol Mateo vivía de semillas, frutos de piel dura y verdura, sin carne. Y Juan, que guardaba la temperancia en grado supremo, comía brotes de hojas y miel silvestre. Pero los sacrificios sangrientos, así lo creo, fueron descubiertos sólo por los hombres que buscaban un pretexto para comer carne, que también hubieran podido tener sin este tipo de idolatría“.

Clemente de Alejandría, Paidagogus II

 

Quinto Séptimo Tertuliano

(aprox. 160-221)

Tertuliano defendió a menudo a los cristianos cuando eran acusados de practicar sacrificios humanos.“¿Cómo debo calificar vuestra creencia de que codiciemos la sangre humana, cuando sabéis que aborrecemos la sangre animal?“

Apol. Cap. 9; Cit. S. Robert Springer, pág.292

 

Gregorio de Nicea

Padre de la Iglesia de Capadocia

“La siembra del buen padre es sin embargo el buen trigo, del cual hornea el pan... La glotonería de las comidas de carne es una injusticia infamante y deseo que aspiréis sobre todo a ofrecer a vuestra alma un alimento de duración eterna”.

Robert Springer, Enkarpa, 1884

 

Jerónimo

“Sería mejor que no comieras ninguna carne ni bebieras ningún vino. Pues el uso del vino comenzó con el comer carne, después del diluvio universal“.

“Comidas inofensivas son comidas que son obtenidas sin el derramamiento de sangre”.

„El placer por la carne, por beber vino y saturar el estómago son los semilleros de la conscupiscencia“.

Jerónimo, Adversus Jovinanum 1, 30

 

Aurelio Agustino

(354-430)

Padre de la Iglesia y el instructor de la Iglesia más grande de la antigüedad, vivía también sólo de alimentos vegetales. El atribuía al consumo de la carne las pasiones funestas de los hombres. En una de sus obras cita a Pablo (Rom. 14, 21), donde este aconseja no comer ninguna carne ni beber ningún vino.

Sobre la verdadera religión II, 161, 168

 

Basilio el Grande

(354-430)

“El cuerpo que se carga de comidas de carne, es atacado por las enfermedades; un modo de vida moderado lo hace más sano y más fuerte y le corta la raíz al mal. Los olores de las comidas de carne ensombrecen la luz del espíritu. Dificilmente puede amarse la virtud si uno se alegra con los platos y banquetes de carne”.

Basilio el grande, Enkarpa, 1884

 

“La carne es un alimento contrario a la natualeza, que pertenece a un mundo pasado”.

Homilías clementinas III, 45

“Los cristianos se abstenían de todo alimento animal“.

Plinio en una carta a Trajano, Ep. Lib.X.96

 

“En el paraíso terrenal

no había ningún vino,

no se sacrificaba a ningún animal,

no se comía ninguna carne”.

 

“Tanto tiempo como se viva moderadamente, crecerá la dicha de la casa, los animales se encontrarán en seguridad,

no se derramará

ninguna gota de sangre

ni se matará a ningún animal.

El cuchillo del cocinero no se utilizará, la mesa estará cubierta de los frutos que la naturaleza regala

y uno se contentará con ello”.

 

De las epístolas de Basilio el Grande

(329-379)
cit. según Karl Anders Skriver,

Die vergessenen Anfänge der Schöpfung und des

Christentums (Los comienzos olvidados de la Creación y del cristianismo), pág.123

 

 

 

Los pecados de los hombres


 fueron los que hicieron "peligrosos"

 

a los animales

 

Los animales salvajes reciben su nombre por su naturaleza salvaje, no porque fueran creados peligrosos desde el principio..., sino que los pecados de los hombres los hicieron peligrosos. Pues al apartarse el hombre del camino, también aquellos le siguieron...

Si el hombre se alza ahora de nuevo a una existencia correspondiente a su naturaleza y no obra más maldades, también aquellos volverán de nuevo a su ser manso original.

Teófilo de Antioquía,

segunda mitad del siglo II

 

 

Las criaturas esperan

a que los hombres se muestren

como hijos de Dios

 

”Sabemos que también toda la creación gime y sufre hasta el momento presente. Las criaturas esperan ansiosas a que los hombres se muestren como hijos de Dios. Pues también la creación debe ser liberada, de la esclavitud del círculo de lo efímero a la libertad originaria de los hijos de Dios“.

Pablo, en Rom. 8, 22. 19. 21

 

 

 

El final
del cristianismo interno

 

El emperador Constantino I

El emperador Constantino I (285-337) favoreció a la Iglesia cristiana, le dio libertad de religión y el año 334 convirtió de hecho esta enseñanza en religión estatal. A cambio la Iglesia le convirtió en santo. Constantino, no obstante, no se diferenció en nada de sus antecesores respecto a las ansias de poder, despotismo y crueldad. Llevó a cabo muchas guerras. Los cristianos originarios que querían permanecer fieles a sus ideales pacifistas, fueron obligados bajo amenaza de tortura a ir a la guerra a favor del emperador. Se dice que a quien no quería co­mer carne, el emperador le hacía embutir plomo líquido en la garganta.

El cristianismo de los orígenes fue con ello practicamente disuelto. “Los cristianos fueron entonces obligados oficialmente a prestar servicio militar, comer animales y  beber alcohol“.

Su concepción del cristianismo se la im­puso a la Iglesia en el Concilio de Nicea (325).

Ahora habían de ser adaptados los evangelios al espíritu de la época. Para ello se instituyeron los llamados “correctores”. Las falsificaciones conscientes se realizaron sobre todo después del concilio de Nicea. Cuánto fue cambiado también por Pablo, no se sabe con exactitud, y sólo puede ser sospechado a tenor de algunas citas que nos han sido transmitidas.

 

La Edad Media

En la Edad Media continuó la persecu­ción de los cristianos que vivían de forma vegetariana/vegana. La Iglesia persiguió a lo largo de todos los siglos a los cristianos originarios que se alimentaban vegetarianamente y no se complacían con la pompa de una Iglesia estatal pagana. La mayoría de ellos fueron desacreditados, calumnia­dos, perseguidos y asesinados por ser herejes y sectarios.

El Padre de la Iglesia Tomás de Aquino sentó los principios filosóficos para la per­secución  en la Edad Media. Según su enseñanza, los animales no tiene alma, las mu­jeres por lo demás tampoco. Los cristianos libres “que en el tiempo de la Inquisición se negaban a matar animales, eran obligados bien a matar a un animal públicamente o eran colgados como herejes. En el año 1051 fueron sentenciados a muerte muchos de los denominados herejes porque renun­ciaron a matar gallinas y comérselas”.*

”En la Edad Media hubo muchos grupos que querían regresar a una vida cristiano-originaria“. Por ejemplo los bogumilos o los cátaros/albigenses. Estos vivían de manera vegetariana/vegana. Se comprometían a ”no matar a ningún animal, no comer ninguna carne y a vivir sólo de fru­tos“ (Walter Nigg). Todos ellos fueron ex­terminados de manera cruel por la Iglesia. Muchas personas llevan todavía hoy gra­bados profundamente en el subconsciente aquellos prejuicios eclesiásticos, aun­que crean que piensan de forma progresista; basta con que oigan la palabra ”sec­ta“ para despertar en ellas antiguos pre­juicios, a pesar de no haber ningún motivo para ello.

*Carsten Strelow, Vegetarismo/Veganismo
como partes fundamentales de la cristiandad, pág.55

 

 

En la actualidad

“El cristianismo de Iglesia actual, especialmente el católico, no tiene practicamente nada del cristianismo originario auténtico, el nazarenismo, y con ello tampoco nada que ver con la verdadera enseñanza de Jesús, sino que más bien es en primera línea una enseñanza autofabricada que está basada casi exclusivamente en el ejercicio del poder y en conservarlo. Tan sólo con la Inquisición, la quema de brujas, las cruzadas, el odio a los judíos y a las mujeres, así como la cooperación con los nacionalsocialistas en el denominado Tercer Reich, la his­toria de la Iglesia católica está teñida de un rojo sangriento. Mares enteros podrían llenarse con esta sangre.

 

Los días festivos más importantes de la Iglesia –navidad y pascua de resurrección–  son también las fiestas de matanza de animales más grandes del año”.

 

Carsten Strelow, Vegetarismo/Veganismo
como partes fundamentales de la cristiandad, Pág. 58

 

“En verdad

os digo

que para ello

he venido al mundo,

para abolir todos

los sacrificios de sangre

y el comer la carne

de los animales y pájaros

sacrificados por los hombres“

 

 

El Evangelio de Jesús, Cap. 75,9

Rottweil 1986

 

 

El Evangelio

de la vida perfecta

 

En la escritura apócrifa “El evangelio de la vida perfecta“ puede leerse también cuánto despreciaban la enseñanza del Nazareno los detractores de los animales en la Antigüedad y en la Edad Media.

En el prólogo de la primera edición inglesa (1902) del “Evangelio de la vida perfecta“ (también llamado “Evangelio de los Doce“ o “Evangelio de Jesús“) escribe G.J.R. Ousseley: “Este evangelio de inspiración crística es uno de los do­cumentos de los primeros cristianos más an­tiguo y completo, y está conservado en un monasterio budista del Tibet, donde fue escondido por unos miembros de la comunidad de los Eseos para preservarlo de las manos de los falsificadores“.

En las páginas siguientes hemos elegido algunos capítulos sobre el tema “El amor de Jesús a los animales“.

El Evangelio de la vida perfecta,

Editorial Humata, Bad Homburg

El Evangelio de Jesús, Editorial “La Palabra“ (Das Wort),

Rottweit 1968

 

 

 

¡Ay de los cazadores!

 

6. Mientras Jesús caminaba con algunos discípulos, se encontró con un hombre que adiestraba perros para la caza de otros animales. Y dijo al hombre: “¿Por qué haces esto?“ Y el hombre contestó: “porque vivo de ello; pues, ¿qué utilidad tienen estos animales? Estos animales son débiles, en cam­bio los perros son fuertes“. Y Jesús le dijo: “te falta sabiduría y amor. He aquí que cada criatura que Dios ha creado tiene su sentido y finalidad. Y ¿quién puede decir que hay de bueno en ellas y qué utilidad tienen para ti o para la humanidad?“

7. “Y para tu sustento: ¡contempla los campos, cómo crecen y son fértiles, y los árboles que dan fruto y las hierbas! ¿Qué más quieres que lo que te da el honesto tra­bajo de tus manos? ¡Ay de los fuertes que hagan mal uso de su fuerza! ¡Ay del astuto que dañe a las criaturas de Dios! ¡Ay de los cazadores!, pues ellos mismos serán cazados“.

8. Y el hombre quedó muy admirado y abandonó el adiestramiento de los perros para la caza y les enseñó a salvar la vida, mas no a destruirla. Y aceptó las enseñanzas de Jesús y se convirtió en discípulo Suyo. (Cap. 14)

 

 

 

Jesús

libera a los animales

 

1. Aconteció un día, al terminar Jesús Su predicación, que en un lugar cerca de Tibe­ríades, donde hay siete fuentes, un joven trajo conejos vivos y palomas, para que Él los comiera con Sus discípulos.

2. Y Jesús miró al joven con amor y le dijo: “tienes buen corazón y Dios te iluminará, pero, ¿no sabes que Dios en el principio dio al hombre para alimento los frutos de la tierra y no por eso lo creó inferior al mono o al buey, al caballo o a la oveja, para que matara a las demás criaturas y consumiera su carne y su sangre?“

3.       “Vosotros créis que Moisés ordenó justificadamente que tales criaturas fuesen sacrificadas y comidas, y así hacéis en el templo; pero ved que hay aquí –y viene– alguien más grande que Moisés, para terminar con los sacrificios de sangre de la Ley y los festines y para restaurar la ofrenda pura y el sacrificio incruento, como era al principio, es decir, los granos y los frutos de la tierra“.

5. “Poned, pues en libertad a estas criaturas, para que se alegren en Dios y no traigan culpa a los hombres“. El joven las liberó y Jesús rompió sus jaulas y sus cuerdas.

6. Sin embargo, he aquí que temían ser cautivadas de nuevo y no querían irse de su lado; pero El les habló y les dijo que se fueran, y obedeciendo Sus palabras se marcharon llenas de alegría“. (Cap. 28)

 

 

Liberación de los
pájaros

 

7.                   Y un día el Niño Jesús fue a un lugar donde estaba colocada una trampa para pájaros, y algunos muchachos se encontrababan allí. Y Jesús les dijo: “¿quiénes han puesto aquí esta red a las inocentes cria­turas de Dios? He aquí que ellos serán de igual modo atrapados en una red“. Y vio doce gorriones, que estaban como muertos.

8.      Y movió Sus manos sobre ellos y les dijo: “id y volad y, mientras viváis, acor­daos de Mí“. Se levantaron y alzaron el vuelo ruidosamente. Los judíos que vieron esto, quedaron maravillados y lo contaron a los sacerdotes. (Cap. 6)

 

 

 

Jesús sana a un caballo

 

1. Aconteció que el Señor salió de la ciudad, e iba por la montaña con Sus discípulos. Y llegaron a un monte de caminos muy escarpados. Allí encontraron a un hombre con un animal de carga.

2.                   El caballo se había desplomado a causa de la sobrecarga, y el hombre lo golpeaba hasta hacerle sangrar. Y Jesús se le acercó y le dijo: “tú, hijo de la crueldad, ¿por qué golpeas a tu animal? ¿No ves acaso que es demasiado débil para su carga, y no sabes que sufre?“

3.      Pero el hombre respondió: “¿qué tienes que ver Tú con esto? Puedo golpear a mi animal cuanto me plazca; pues me pertenece y lo compré por una buena suma de dinero. Pregunta a los que están contigo, pues son de mi vecindario y lo saben“.

4.      Y algunos de los discípulos respondieron diciendo: “sí, Señor, es tal como dice; estábamos presentes mientras compraba el caballo“. Y el Señor respondió: “¿no veis acaso cómo sangra y no oís cómo gime y se lamenta?“, pero ellos respondieron diciendo: “¡no, Señor, no oímos que gima y se lamente!“

10.    Y el Señor se entristeció y dijo: “¡ay de vosotros, que por la insensibilidad de vuestro corazón no oís cómo se lamenta y clama piedad al Creador celestial, y tres ve­­ces ay de aquel contra el que clama y se lamenta en su tortura!“

11.    Se acercó y tocó al caballo, y el animal se levantó, y sus heridas estaban curadas. Dijo al hombre: “prosigue ahora tu camino y en adelante no lo golpees más, si es que también esperas hallar piedad“.

12.    Y viendo a la muchedumbre que venía hacia El, dijo Jesús a Sus discípulos: “por los enfermos estoy enfermo, por los hambrientos sufro hambre, por los sedien­tos sufro sed“.

13.    Y dijo también: “he venido para terminar con los sacrificios y las fiestas de san­gre. Si no cesáis de sacrificar y comer carne y sangre de animales, la ira de Dios no cesará de venir sobre vosotros, tal como en el desierto vino sobre vuestros padres, los cuales, ávidos del disfrute de la carne, se llenaron de podredumbre y fueron destrozados por plagas“. (Cap. 21)

 

Jesús ayuda a un camello

 

12.       Iba Jesús hacia Jerusalén y se encontró con un camello, pesadamente cargado con madera. El camello no la podía arrastrar monte arriba, y el camellero le golpeaba y maltrataba cruelmente, pero no podía hacer avanzar al animal.

13.       Y viéndolo Jesús, le dijo: “¿por qué pegas a tu hermano?“ El hombre replicó. „no sabía que fuera mi hermano. ¿No es un animal de carga, hecho para servirme?“

14.    Y Jesús dijo: “¿no ha creado el mismo Dios de igual sustancia a este animal y a tus hijos que te sirven?, y ¿no tenéis vosotros el mismo aliento de vida que todos habéis recibido de Dios?“

15.    Y el hombre se maravilló mucho de estas palabras. Cesó de golpear al camello y lo liberó de una parte de su carga. Así el camello caminó monte arriba –precedién­do­le Jesús–, sin detenerse hasta el fin de ese día de viaje.

16.      Reconoció el camello a Jesús, por sentir el amor de Dios en El. Y el hombre quiso saber más sobre las enseñanzas, y Jesús le enseñó con gusto, haciéndose él discípulo suyo. (Cap. 31)

 

 

Palabras de Jesús contra

 los sacrificios de sangre

 

1.      Jesús enseñaba a Sus discípulos en el atrio exterior del templo, y uno de ellos Le dijo: “Maestro, los sacerdotes dicen que sin derramamiento de sangre no hay perdón de los pecados. ¿pueden, pues, los sacrificios de sangre, hechos según la Ley, quitar los pecados?“

2.      Y Jesús respondió: “ningún sacrificio de sangre, de animal o ave u hombre, puede quitar pecados; porque ¿cómo se puede quitar una culpa mediante el derramamiento de sangre inocente? No, la culpa se hará más grande.

3. Los sacerdotes ciertamente reciben ta­les sacrificios de los fieles como expiación por las faltas contra la Ley de Moisés, pero para los pecados contra la ley de Dios no hay perdón, si no es por el arrepentimiento y la enmienda“. (Cap. 33)

 

 

Palabras de Jesús contra

el comer carne

4. “¿No está escrito en los profetas?: ¡cesad vuestros sacrificios de sangre y vuestros holocaustos! Dejad de comer carne, pues no hablé de ello a vuestros padres ni se lo ordené, cuando les saqué de Egipto. En cambio,  esto les ordené:

5. Obedeced Mi voz y andad por los caminos que os he mandado y seguiréis siendo Mi pueblo y os irá bien. Pero ellos no es­taban dispuestos y no obedecieron“.

6. “Y qué os ordena el eterno sino que practiquéis la justicia y la misericordia y andéis humildemente con vuestro Dios? ¿No está escrito que al principio Dios determinó los frutos de los árboles, las semillas y las hierbas para alimento de toda carne?

7. Pero ellos han convertido la casa de orar en una casa de ladrones y, en vez de ha­cer una ofrenda pura con incienso, han manchado mis altares con sangre y comido la carne de los animales sacrificados.

8. Pero Yo os digo: no derraméis sangre inocente ni comáis carne. Sed rectos, amad la misericordia y haced justicia, y vuestros días perdurarán largamente en la tierra que habitéis“. (Cap. 33)

 

 

 

Los animales son

nuestros hermanos

 

7. Jesús entró en un pueblo y vio a un gatito que no tenía dueño, y tenía hambre y Le gemía. El lo levantó, lo puso dentro de Su túnica, dejándolo reposar en Su pe­cho.

8. Y mientras pasaba por el pueblo, dio de comer y beber al gato, que comió y bebió y Le mostró su agradecimiento. Y El Lo dio a una de Sus discípulas, a una viuda llamada Lorenza, que cuidó de él

9. Y algunos de entre la gente decían: “este hombre se ocupa de todos los animales. ¿Son Sus hermanos y hermanas, para que los ame tanto?“ Y El les dijo: “en verdad, estos son vuestros hermanos de la gran familia de Dios; vuestros hermanos y hermanas, que tienen el mismo aliento de vida del Eterno“.

10.    “Y quienquiera que se preocupe por uno de los más pequeños de ellos, y le de de comer y beber cuando pase necesidades, Me está haciendo esto a Mí; y quien intencionadamente permite que uno de ellos sufra necesidades y no lo protege cuando es maltratado, está permitiendo este mal como si Me lo hiciera a Mí: pues tal como hayáis hecho en esta vida, así se hará con vosotros en la vida venidera“. (Cap. 34)

 

 

 

Palabras de Jesús sobre

 la alimentación correcta

 

1. Y algunos de Sus discípulos vinieron a El y Le hablaron acerca de un egipcio, hijo de Belial, que enseñaba que no es contrario a la ley atormentar a los animales, cuando sus sufrimientos son de provecho para los hombres.

2.      Y Jesús les dijo: “en verdad os digo que quien saca ventajas del perjuicio ocasionado a una criatura de Dios, no puede ser honesto. Tampoco pueden cuidar de las cosas santas o enseñar los misterios del Cielo, aquellos cuyas manos están manchadas con sangre o cuya boca está ensuciada con carne.

3. Dios da los granos y los frutos de la tierra para alimento; y para el hombre honesto no hay ningún otro alimento legítimo para el cuerpo.

4. El ladrón que penetra en una casa hecha por el hombre es culpable, pero hasta los más pequeños de los que entran en una casa construida por Dios, son los más grandes pecadores. Por eso os digo a todos los que quieren ser Mis discípulos: mantened vuestras manos libres del derramamiento de sangre y no permitáis que carne alguna entre a través de vuestros labios, pues Dios es justo y bondadoso y ha mandado que los hombres deben vivir sólo de los frutos y semillas de la tierra.

5. Pero si un animal está sufriendo mucho, de manera que su vida le resulte una tortura, o cuando se vuelva peligroso para vosotros, liberadle de su vida del modo más rápido y con el mínimo dolor posible. Enviadlo al Más allá con amor y misericordia, y no le atormentéis, y Dios, vuestro Padre, mostrará misericordia con vosotros, igual que vosotros habéis mostrado misericordia con los que están en vuestras manos.

6.      Y todo cuanto hagáis al más humilde de Mis hijos, Me lo estáis haciendo a Mí, pues Yo estoy en ellos, y ellos están en Mí. Sí, Yo estoy en todas las criaturas, y todas las criaturas están en Mí. En todas sus alegrías, también Yo Me regocijo; en todos sus dolores, también Yo sufro. Por eso os digo: sed amables los unos con los otros, y con todas las criaturas de Dios“. (Cap. 38)

 

 

 

La conversión

del cazador de pájaros

 

1. Y yendo Jesús hacia Jericó, se encontró con un hombre con palomas jóvenes y una jaula llena de pájaros que había capturado. Y vio la aflicción de éstos por haber per­dido su libertad, además de sufrir hambre y sed.

2. Y dijo al hombre: “¿qué haces con ellos?“ Y el hombre respondió: “vivo de la venta de los pájaros que capturo“.

3. Y Jesús le dijo: “¿qué pensarías si alguien más fuerte o más astuto que tú te atra­para y encadenara a ti, o a tu mujer o a tus hijos, y te arrojara en prisión para ven­derte en su propio provecho y para ganarse con ello su sustento?

4. ¿No son estas criaturas tu prójimo, sólo que más débiles que tú? ¿Y no cuida el mismo Dios, Padre y Madre, de ellos, lo mismo que de ti? Deja en libertad a estos tus pequeños hermanos y hermanas y procura no hacer tal cosa nunca más, sino gana honradamente tu pan“.

5. Y se maravillaba el hombre de estas pa­labras y de Su poder, y dejó a los pájaros en libertad. Al verse libres volaron hacia Jesús y se posaron en Sus hombros y Le cantaban.

6. Y el hombre continuó preguntando acerca de Su enseñanza, y siguió su camino, aprendiendo el oficio de canastero. Con su trabajo ganó su pan y rompió sus jaulas y trampas y se hizo discípulo de Jesús. (Cap. 41)

9.  “En verdad os digo que he venido para eso al mundo, para abolir todo sacrificio de sangre y el comer carne de animales y pájaros, sacrificados por hombres“. (Cap. 75)

 

 

 

Fuentes:

“El Evangelio de Jesús“ Editorial LA PALABRA,

Rotttweil 1968

 

El Evangelio de la vida perfecta,

Editorial Humata, Bad Homburg

 

Cristianismo y protección de los animales

“El Evangelio perdido“

Editorial especializada en protección de animales, Munich

 

 

La visión de Isaías

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Entonces pastará el lobo con el cordero, el leopardo estará tumbado junto al cabritillo, y el ternero y el león pacerán juntos, y un muchachito podrá conducirlos. Vaca y osa pastarán también juntas, y sus cachorros estarán tumbados juntos. El león comerá paja como una res vacuna. El niño de pecho jugará junto al agujero del áspid, el niño extenderá su mano hacia la caverna de la serpiente. Pues no obrarán mal ni causarán daño en toda Mi montaña santa.

 

Isaías 11, 6-9 y 65, 25

 

Los animales:
las víctimas indefensas

 

¿Qué dicen personas célebres sobre

el comer partes de cadáveres

de animales?

 

“El profundo

respeto religioso

por aquello

que está por debajo

de nosotros, incluye naturalmente también

al reino animal,

e impone a los hombres

la obligación de respetar y proteger A 

las criaturas que están por debajo de él“.

 

 

Goethe (1749-1832),

poeta alemán

 

 

Pitágoras (s.VI a. de Cr.),

filósofo y matemático griego:

“Todo lo que el hombre hace a los animales, regresa de nuevo a él. Quien corta con un cuchillo la garganta de un buey y permanece sordo ante los bramidos de temor, quien es capaz de matar impávido a un atemorizado cabrito y se come el pájaro, al que él mismo ha alimentado, ¿cuán le­jos está del crimen un hombre así?“

 

“La tierra regala riqueza profusamente y alimento pacífico. Y os brinda alimentos que están libres de muerte y de sangre“.

 

“Aquellos que matan animales y se comen su carne están más inclinados que los vegetarianos a masacrar a sus semenjantes“.

 

 

Jean Paul (1763-1825), poeta francés:

“¡Oh justo Dios! ¡Cuántas horas de mar­tirio de animales sirven para dar al hombre un único minuto de gusto para su paladar!“

 

 

George Bernhard Shaw (1856-1950),
dramaturgo irlandés; Premio Nobel 1950:

“¡Los animales son mis amigos, y yo no me como a mis amigos!“

 

“Tanto tiempo como sean los hombres las tumbas andantes de los animales matados por ellos, habrá guerras en esta Tierra“.

 

 

Wilhelm Busch (1832-1908), 

poeta y dibujante alemán:

“Una verdadera cultura humana existe solamente cuando no sólo el devorar a seres humanos, sino cuando todo tipo de deleite por consumir carne es considerado como canibalismo“.

 

“El cuchillo brilla, los cerdos gritan, al fin y al cabo hay que aprovecharlos. Pues cada uno piensa: “¿para qué necesitamos un cerdo si no lo aprovechamos del todo? Y todos sonríen, y roen igual que los caníbales, hasta que se diga, ¡qué asco! al jamón de Westfalen“.

 

François Voltaire (1694-1778),
filósofo de la ilustración y escritor fran­cés:

“Cierto es que ese atroz baño de sangre que tiene lugar ininterrumpidamente en los mataderos y cocinas, ya no nos parece un mal. Por el contrario, consideramos estas atrocidades, que a menudo resultan pestilentes, como una bendición del Señor y le damos las gracias en nuestras oraciones por nuestros asesinatos. ¿Puede haber acaso algo más repugnante que alimentarse con­tinuamente de carne de cadáveres?“

 

Plutarco (45-125),
filósofo y escritor griego:

¿Podríais realmente preguntaros qué motivos condujeron a Pitágoras a abstenerse de comer carne? Yo por mi parte me pregunto bajo qué circunstancias y en qué estado espiritual decidió un hombre tocar sangre con su boca, llevar sus labios a la carne de un cadáver y adornar su mesa con cuerpos muertos y en vías de putrefacción, y se permitió denominar alimentos a las piezas que poco antes habían bramido y gritado, que se habían movido y vivido. Seguro que no se trata de leones y lobos que comeríamos para autoprotegernos; a estos animales, por el contrario, no les ofrecemos ninguna atención, sino más bien sacrificamos animales inofensivos y mansos, sin aguijones ni colmillos, que sin más no nos pueden causar daño alguno. Por su carne les robamos el sol, la luz y la duración de la vida que les corresponde desde su nacimiento. Si queréis afirmar que la naturaleza ha previsto para vosotros este alimento, matad entonces vosotros mismos lo que penséis comer, pero con los medios que os ha otorgado la naturaleza y no con la ayuda de un cuchillo de matarife, de una maza o de un hacha“.

“Por un pequeño trocito de carne les robamos a los animales el alma, así como la luz del sol y la duración de vida, para la que fueron creados y para la que existen por naturaleza“.

 

“Los hombres no deberían nunca abandonarse tanto hasta el punto de tratar a las criaturas vivas como zapatos viejos y utensilios inertes y gastados que se tiran cuando ya no funcionan más. No deberíamos hacerlo ni  cuestionarnos nunca los beneficios que se pueden sacar de seres vivos viejos, que apenas tienen algo o nada que ofrecer“.

 

Leonardo Nelson (*1927),
filósofo alemán:

“Un criterio infalible para valorar la honestidad del espíritu de una sociedad, es el ver hasta qué punto ésta reconoce los derechos de los animales; pues mientras que los hombres, en caso de necesidad cuando alguno es demasiado débil, pueden reunirse mediante coaliciones y el uso del propio lenguaje, para salvaguardar sus derechos, a los animales les está negada esta posibilidad de autoayudarse. Por ello queda a cargo de la justicia de los hombres en qué medida quieren respetar éstos por su parte los derechos de los animales“.

  

Emanuel Kant (1724-1804),
filósofo alemán: