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Todos
ellos también son Bruno
El oso Bruno
La imagen
estándar de la moral alemana
Una vez más las personas han demostrado
que no les es posible solucionar sus problemas de una
manera pacífica y que todo lo que se les pone por
delante como algo desacostumbrado o impedimento, aunque
sólo parezca que se pone delante, debe ser quitado de en
medio o aniquilado sin más ni más.
Los animales son deseados y soportados
tanto tiempo como alegren a los hombres y se dejen
acariciar pacientemente. Si un animal se lleva algo de
la naturaleza sin el permiso del hombre, aún cuando ésta
es su espacio vital, que Dios le ha dado, se dice:
«Zorro, una gallina te has atrevido a robar. Devuélvela
ya, si no el cazador te va a disparar» (Canción
infantil).
Cuando «el amo» o «la ama» se van de
vacaciones, se acaba con frecuencia el idílico amor a
los animales. Algunos animales acaban en contenedores de
recogida o son sencillamente abandonados en la
autopista, naturalmente de modo que nadie lo vea. Con el
oso Bruno –por cierto un animal joven de dos años, por
tanto todavía un cachorro- se actuó con todo secretismo,
pues se trataba de un asunto de estado de alta
prioridad. Entre Austria y Alemania hay «cables de alta
tensión». Se exigieron expertos muy del norte y otras
medidas más, hasta que al final el peligro fue
supuestamente tan grande que se debía liquidar al oso
Bruno. Políticos de todos los colores –sobre todo
aquellos que de manera indicativa llevan una gran C en
las siglas de su partido- se decidieron por la solución
radical del «problema», exigiendo matar a disparos a
Bruno. En resumen: la pena de muerte. Y ninguna
esperanza de indulgencia.
Acusado y condenado sin proceso por
sospecha por una confianza no deseada y un acercamiento
posiblemente peligroso en el futuro a asentamientos
humanos y además por despedazar algunas ovejas. Para
ello la defensa de Bruno podría haber objetado que éste
continuamente se mantuvo alejado en su encuentro con los
hombres y que el número de ovejas despedazadas por Bruno
no guarda ninguna proporción con las que matan o
descuartizan los hombres para dar gusto a su paladar.
Por lo demás, de los parques nacionales americanos se
sabe desde decenios que los osos –como la mayoría de los
animales silvestres- evitan a los hombres y que solo
buscan desperdicios de olor intenso. Los
rancheros
de los parques nacionales americanos indican
siempre que de los osos no viene ningún peligro, a no
ser que uno se les acerque sin que se den cuenta para
darles de comer con la propia mano o para jugar con
estos divertidos sujetos peludos, lo cual puede suceder
de hecho. Por ello se dice en estos parques que uno debe
mantenerse aleado de los osos y no abandonar el coche.
Pero por lo general los osos silvestres huyen de los
hombres. ¿Por qué pues ese pánico con el oso Bruno?
Algunos turistas se han indignado por el
brutal y absurdo proceder de los cazadores del oso y han
cancelado en consecuencia sus vacaciones en la región
de veraneo en torno a Schliersee, donde fue
abatido Bruno. Por lo pronto son más de 30 personas (en
la fecha: 08.07.2006). El ministro italiano del
medioambiente, Tecorario Scanio, ha elevado una querella
formal en Bruselas, pues como se ha testimoniado, Bruno
formaba parte de un proyecto, con el nombre de «Live
Ursus», financiado por la Unión Europea para de
reintegración de los osos en su ámbito de vida natural.
Lo que ha sucedido aquí a vista de todos
y de toda la opinión pública no es desgraciadamente un
hecho aislado. Millones de animales silvestres son
matados cada año en los campos y bosques de esa manera
brutal y sin respeto ante la vida, y nadie anula su
estancia turística. Nadie llama a Bruselas y nadie
exige, como el ministro Scanio, la entrega inmediata del
cadáver.
Jesús de Nazaret ha pronunciado palabras
que no se prestan a confusión y su enseñanza va aún más
allá del no matarás, esto es, al gran y amplio amor al
hombre, a la naturaleza y a los animales, que Él quiso
enseñar a Sus discípulos y a todos los hombres: «Lo
que no quieras que te hagan a ti, no lo hagas tú a los
demás». Y: «Lo que hagáis al más pequeño, Me
lo habéis hecho a Mí».
¿Cómo puede un político, sobre todo
cuando lleva la C (de cristiano) en el nombre de su
partido, adoptar una actitud tan radical y brutal y
debiendo saber que con ello influye a personas y el
desenlace de una situación? Es el desprecio con
conocimiento de causa del gran espíritu del amor y de la
unidad, que nos enseña la justicia respecto a toda vida.
Los presuntos representantes de este
gran espíritu de la ética y moral elevada –la Iglesia
católica y protestante luterana- no levantan tan
siquiera un dedo en vista de la masacre diaria de
animales en los campos y bosques, no exhortan a ser
pacíficos. En lugar de ello bendicen los cadáveres de
los animales tirados por los cazadores y celebran con
ellos la exitosa caza en una misa de san Huberto.
Sin embargo, ¿no ha conducido el
asentimiento mudo de todos nosotros por el
comportamiento sangriento de los cazadores en los campos
y bosques y el sometimiento a los políticos hambrientos
de poder, a que nosotros los hombres nos hayamos
acostumbrado a este delito desmesurado con la
naturaleza, incluso de que pensemos que debe ser así?
Visto a clara luz, este es ya el paso
siguiente a la perdición, pues como dijo León Tolstoi,
de matar a un animal y matar a un hombre sólo hay un
paso, y «mientras haya mataderos, habrá campos de
batalla». Pues aquellos que nos hacen creer que el oso
Bruno debe ser matado –Bruno fue entregado a la muerte
de manera totalmente formal- no deben aclarar igualmente
por qué debemos ir a tal vez a la guerra y por qué
debemos matar a nuestro hermano.
Todo esto está en absoluta contradicción
con la elevada ética y moral de Jesús de Nazaret. En
ningún instante dejó a entender Jesús de ninguna manera
que Él quisiera convertirse en un nuevo fundador de una
religión. Él era un judío entre judíos, y Él exhortó a
los hombres por fin –es decir después de 1250 años
después de Moisés- a vivir sencilla y con toda humildad
según las palabras de los profetas dadas por Dios. Él
explicó por ello los escritos judíos con aclaraciones
más detalladas. Era una ética y moral elevadas para el
uso diario personal, no para rituales o celebraciones de
misas, para «dignatarios» u hombres y mujeres «santos».
Él habló al pueblo sencillo con historias y parábolas,
para que cada uno pudiera entenderlo.
Hoy sabemos gracias a las muchas
manifestaciones divinas y de forma detallada por la gran
obra manifestada «Esta es Mi Palabra, Alfa y Omega» (Editorial
LA PALABRA), y también a través de las enseñanzas de
la sabiduría divina en la serie de escuelas del Camino
Interno, qué significó y significa la aparición de Jesús
de Nazaret en esta Tierra. Pero con ello no se ha
ayudado a ningún animal. Y el sufrimiento de la madre
Tierra no conoce con mucho el fin.
Si nosotros los hombres no comenzamos a
practicar sin reservas esta enseñanza de la elevada
ética y moral de Jesús de Nazaret y a atacar las
infracciones en público, continuaran las cosas como
hasta ahora, y el camino hacia la destrucción de la
naturaleza, hacia el embrutecimiento de la humanidad, es
decir el camino hacia la perdición, continuará en
adelante su curso. Lo animales y la naturaleza necesitan
nuestra voz, y nosotros, cada uno en particular,
necesitamos el valor para actuar consecuentemente, en
primer lugar respecto a nosotros mismos.
No queda ningún tiempo más. La madre
Tierra está agonizando; la hora está a punto de pasar.
¿A qué esperamos?
¡No veamos sin embargo la
responsabilidad sólo en los otros! Sólo quien se
cuestiona diariamente a sí mismo, quien supera su
egocentrismo y dureza de corazón e bien de su prójimo y
subprójimo, puede contribuir al fin y al cabo a un mundo
mejor en el sentido de la elevada ética y moral de
Jesús, el Cristo.
Si conseguimos ganar credibilidad, en
virtud de nuestro personal comportamiento ético-moral,
saliendo adelante con buen ejemplo en las situaciones
difíciles, entonces nuestra voz a favor de los animales
y de la naturaleza será escuchada, al principio en
círculos pequeños, después en más grandes, y entonces la
muerte de Bruno no se olvidará como uno de tantos
sucesos. ¡Mostremos el
camino!
Si por ejemplo salimos una y otra vez a
la calle con pancartas y hacemos notar que cada año son
matados brutalmente 45 miles de millones de animales en
todo el mundo para el consumo humano, al final el
gobierno deberá igualmente decidirse a poner un fin a
esta perversidad.
El oso Bruno y todos sus congéneres que
sufren no deben caer nunca en el pasado en el corazón de
todos nosotros. Todos llevamos la responsabilidad para
que esto no suceda en la época de las infinitas
maniobras de distracción y de espectáculos bajo el lema
de «pan y circo». Hagámonos una y otra vez conscientes:
Jesús de Nazaret no fue ningún fundador de ninguna
religión. Él llevó a los hombres con las enseñanzas más
sencillas la ética y moral más elevadas del Gran
Espíritu, que están a disposición de todo aquel que las
afirme de corazón y sea capaz de creer en un mundo
mejor.
Más información sobre el tema
de la caza
aquí.
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