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Todos
ellos también son Bruno
El oso Bruno
y la Iglesia
Después de la muerte intencionada del
oso Bruno, se llevaron a cabo en internet numerosas
encuestas. Todos los resultados son evidentes: ¡los
alemanes estaban en contra de su matanza! El 87% de los
votos obtenidos por GMX estaba en contra de la orden de
matarlo, y en la votación de la fracción del partido SPD
en el Parlamento bávaro el 82% dijo que la autorización
de matarlo fue un error, y en la encuesta de la N24, el
76% no tenía ninguna comprensión para con la muerte de
Bruno.
Una pequeña minoría mostraba no obstante
comprensión por el asesinato de un cachorro de oso. De
esta minoría forman parte los representantes de las
Iglesias oficiales. El portavoz episcopal del
arzobispado de Munich, Winfried Röhmel, dijo:
«Sentimos lástima, pero también comprensión.
Lamentablemente el oso en Baviera no se ha movido de
forma prudente…» ( www.Bild.de, 27.06.2006). El Sr.
Röhmel entiende seguramente por una forma «prudente»
para un oso el miedo y la huída del animal ante las
personas.
Los
animales no tienen alma
La fatalidad que se aventuró sobre el
oso Bruno, la comparten con él muchos millones de
animales. Por ejemplo los cinco millones de animales
silvestres que tan sólo en Alemania mueren cada año a
balazos de los cazadores y al fin y al cabo también los
casi 500 millones de animales en los guetos de animales
que mueren en manos de los matarifes. ¡Todos ellos
también son «Bruno»! Y todos ellos no tienen alma, según
la enseñanza de la Iglesia.
El famoso doctor de la Iglesia, Tomás de
Aquino, escribe en el libro «Suma contra gentiles», la
defensa de las verdades más elevadas. En el capítulo 82:
«Creemos que sólo el hombre de por sí posee un alma
sustancial, es decir, viva, en tanto que las almas de
los animales perecen en el cuerpo». Esta enseñanza
de menosprecio por los animales permanece en la Iglesia
católica y se muestra todavía en la actualidad, p. ej.,
en el catecismo católico, en el que puede leerse, entre
otras cosas: «Dios confió los animales a la
adminstración del que fue creado por él a su imagen. Por
tanto, es legítimo servirse de los animales para el
alimento y la confección de vestidos. Se los puede
domesicar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en
sus ocios. Los experimentos médicos y ciéntíficos en
animales, si se mantienen en límites razonables, son
prácticas moralmente aceptables, pues contribiuyen a
cuidar o salvar vidas humanas» (Nr. 2417). Y más
adelante: «Se puede amar a los animales; pero no se
puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a
los sere humanos» (Nr. 2418).
Tampoco de Lutero tienen los animales
alma según las enseñanzas. Y en el Catecismo protestante
se dice, p. ej.: «… En el animal, la profanidad, el
desenfreno libre de tabú, respecto a la procreación,
nacimiento y muerte se nos muestran precisamente como lo
más inhumano y ajeno al ser. Con el sentimiento de la
vergüenza y los ritos funerarios comienza en general la
historia del hombre. Ningún animal tapa sus genitales,
ninguno honra ni entierra a sus muertos (Illies)»
(pág. 508).
Puesto que los ritos funerarios al
parecer conforman al ser humano, es de entender por qué
el párroco de la comunidad protestante-luterana en
Miesbach, Heinz Otto, respondió a la pregunta de si
«¿Habrá honras fúnebres para Bruno?», lo siguiente:
«No. ¿Qué hemos de condoler aún? Aún cuando muchos
amigos de los animales lo deseen. Unas honras fúnebres
para osos no son tarea de la Iglesia»
(Bild.de, 27.06.2006).
Y el decano protestante bávaro, Michael
Wehrwein (Lohr am Main), calificó la irritación general
por lo matanza del oso Bruno «como un ejemplo para un
trastorno de las pautas éticas… » (www.idea.de,
05.07.2006).
Llegado a este punto, una persona con
buena capacidad analítica sacará la siguiente
conclusión: ¡Mientras haya iglesias, no habrá ninguna
libertad para los animales!
Jesús vivió por los
hombres y los animales.
Jesús murió por los
hombres y también por los animales
Para muchas personas es un deseo
profundo que la muerte del oso Bruno no caiga enseguida
en el olvido. Por esta razón han colocado una cruz en el
lugar en que fue disparado a muerte. Esto es una espina
en el ojo para la autoridad eclesiástica, y el ya
mencionado portavoz del arzobispado de Munich, Winfried
Röhmel, dijo al respecto: « …la condolencia por la
muerte de un animal no debe de ser expresada
precisamente con el símbolo central del cristianismo. La
cruz está en realidad pensada para lugares en los que
hayan muerto o estén enterradas personas »
(periódico digital alemán Rheinische Post, rp-online.de,
06.07.2006).
Lamentablemente no se actúa aquí según
las prescripciones de la Biblia, pues en ella se dice:
«… Como mueren los unos (los hombres), así mueren los
otros (los animales), y una misma respiración tienen
todos. No tiene más el hombre que el animal» (Ec.
3,19).
Sobre el trato de Jesús con los animales
apenas se encuentra algo en los evangelios de la Biblia,
sin embargo, diferentes textos apócrifos muestran el
amor de Jesús por los animales que nos ha sido ocultado
hasta el presente. Más sobre este tema lo encontrará en:
«El amor de Jesús por los animales, que nos fue
ocultado».
Un suceso de la vida de Jesús, recogido
por escrito en «El evangelio de Jesús», muestra muy
claramente que Jesús nunca hubiera dado a matar al oso
Bruno. Quien lee cómo el gran maestro de la libertad,
Jesús de Nazaret, se entregó también por los animales,
reconoce que todos aquellos que ordenaron la muerte de
Bruno, la llevaron a cabo o la afirmaron, están en
contra de la enseñanza de Jesús, no son por tanto
cristianos.
«Y un día en que iba a lo largo de una
senda de monte, al borde del desierto, se encontró con
un león al que perseguía una multitud de hombres con
piedras y lanzas, queriendo matarlo. Pero Jesús les
reprendió con las palabras: “¿por qué cazáis a las
criaturas de Dios, que son más nobles que vosotros? Por
la crueldad de muchas generaciones han sido hechas
enemigas de los hombres, que en realidad deberían ser
sus amigos. Tal como en ellas se hace visible el poder
de Dios, también se muestra Su paciencia y Su compasión.
¡Cesad de perseguir a esta criatura! Ella no desea
dañaros. ¿No veis cómo huye de vosotros aterrorizada por
vuestra violencia?”» (Cap. 6, 18-20).
En esta época ya no estamos supeditados
a los escritos apócrifos, pues Jesús, el Cristo, desde
hace 30 años se manifiesta nuevamente a través de un
profeta: a través de Gabriele, la profeta y mensajera de
Dios. En la Palabra de Dios a través de Gabriele
llegamos a saber que Cristo no sólo vino a la Tierra por
los hombres, sino también para redimir a los animales y
a la naturaleza en global de su sufrimiento y tortura.
Más al respecto lo encontrará a su vez en
«El amor de
Jesús por los animales, que nos fue ocultado».
En el año 2001 Dios-Padre se dirigió a
la humanidad en un mensaje serio y de mucha gravedad. Si
aún no conoce estas palabras del Eterno, las puede leer
en:
El mensaje del Creador.
¡Examine esas palabras y compárelas con
los acontecimientos en este mundo! Cuando el Creador
habla de los animales, Bruno pertenece también a ellos.
Pero no sólo él, pues ¡cada animal es «Bruno»!
Más información sobre el tema
de la caza
aquí.
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