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Los animales tienen alma
En cada animal así como también en cada planta
se encuentra la poderosa fuerza creadora, Dios, el
eterno Espíritu universal omnipresente, la
Inteligencia universal. Aquel que tenga ya sólo un
poco de corazón para la naturaleza podría intuir en
la expresión de un animal, en la belleza de una
planta, en la forma de una piedra o en las
substancias líquidas, que la Tierra podría ser un
paraiso.
Para justificar la explotación desmesurada de los
reinos de la naturaleza a menudo se cita la frase
del Creador: Someteos la tierra (Génesis 1, 28). Sin
embargo, la palabra "someter" no significa torturar
a los animales, destruir los bosques y plantas y
destrozar todo de lo que el hombre puede disponer.
Con la palabra "someter" se hace referencia al
mandamiento de cuidar los reinos de la naturaleza,
sí, toda la Tierra. Se nos ha exhortado a que
tratemos y cuidemos la Tierra con amor. Se nos ha
mandado que respetemos todas las formas de vida en
la Tierra, sí, toda la Tierra, que la apreciemos y
amemos, pues todo en todo es la obra del
Todopoderoso, el amor al hombre, al animal, a la
planta y a la piedra, sí, a toda la Tierra.
Quien alguna vez haya cuidado a algún animal siente
que se ha vuelto internamente más rico y más
consciente de la naturaleza. En aquel que por el
contrario instale fábricas de productos animales, o
sea, mataderos o los apruebe, lo que se muestra en
que come carne de su prójimo animal, su consciencia
se volverá cada vez más estrecha, porque un hombre
semejante empobrece internamente.
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