Acusación contra:
1. el Sr. Prof. D. Romano Prodi
Presidente de la Comisión de la Comunidad Europea
2. el Sr. Dr. D. Franz Fischler
Comisario de la Unión Europea de Agricultura y Pesca
3. el Sr. D. José María Aznar López
Presidente del Gobierno de España
4. el Sr. D. Miguel Arias Canete
Ministro de Agricultura de España
5. el Sr. D. Jean-Pierre Raffarin
Primer Ministro de Francia
6. el Sr. D. Hervé Haymard
Ministro de Agricultura de Francia
sobre colaboración con el reiterado y grave maltrato de animales,
exponer a un peligro a la juventud, embrutecimiento de la sociedad
al fomentar la crueldad de forma pública y a causa de la omisión
de medidas legislativas y desatención del ordenamiento jurídico
Sr. Presidente, honorable Tribunal:
Amigos de los animales de toda Europa, sobre todo asociaciones
protectoras de animales de España, Francia y Bélgica denuncian hoy
un delito que representa un aspecto vergonzoso de la cultura
europea: la tortura y la muerte premeditada de animales de
desarrollo superior únicamente para la diversión del hombre. Cuán
espléndidas criaturas son los toros ya era algo reconocido por la
antigua cultura griega, cuya mitología transformó nada menos que
al dios de los cielos, Zeus, en un toro, para cargar a Europa a sus
espaldas: la diosa terrenal de antaño que diera nombre a nuestro
continente de hoy. Es de un simbolismo macabro que los europeos
masacren a su animal heráldico y lo ahoguen en su sangre. ¿Somos
conscientes de que estos animales pueden padecer dolores, pánico y
miedo, de forma similar a como los sufre un ser humano? ¿Sí?
Entonces pongámonos por una vez en la situación de la víctima del
asesinato, de la que se trata en este proceso judicial.
Imaginémonos que estando de paseo por un paraje de sur de España o
Francia, de repente usted es encarcelado y a continuación tratado
de la siguente manera: Le rompen los dientes con un alicate y sin
anestesia alguna, le meten pinchos de agujas partidas en sus órganos
genitales, le hacen tragar kilos de laxantes fuertísimos hasta tal
punto que su intestino parece explotar; le untan vaselina en los
ojos para que vea todo velado; le golpean 20 ó 30 veces en la zona
de los riñones de manera que está constantemente a punto de
desmayarse; le arrancan las uñas de los pies y le meten cuñas de
madera entre los dedos de los pies; y al final le rocian los pies y
las piernas con trementina, a causa de lo que usted, de tanto dolor
y escozor, tiene que saltar una y otra vez.
En España y en Francia miles de toros experimentan anualmente
este trato especial como preparación para la corrida. ¿Quién se
atreve a decir todavía que aquí sólo se trata de animales? ¿Quién
se atreve a seguir elogiando las corridas de toros o a apartarse de
ellas con indiferencia? ¿Y quién quiere afirmar todavía que las
corridas de toros son una lucha competitiva entre el hombre y el
animal? Aquí no se trata de otra cosa que de la tortura bárbara de
animales indefensos por sádicos adictos a la fama, que sólo se
encuentran con el toro cuando éste sale a la arena: montados en sus
caballos se echan sobre él para pincharlos con sus lanzas mientras
que la masa ansiosa de sangre incita a los mozos de tortura,
llamados picadores. Cuanto más arte presente la tortura, tanto más
grande el aplauso. Luego vienen las banderillas con los garfios que
se les clava al toro en la carne, dejándolas allí que se
bamboleen. Aún más sangre, todavía más dolor, aún más aplausos
desde las gradas – un vocerío regocijante que se deleita con el
indescriptible sufrimiento. En la arena los hombres se convierten en
monstruos.
Entonces se acerca el héroe de la corrida, vestido finamente como
un caballero del siglo XVII, equipado con una espada y una capote
rojo. Contoneándose como una “prima donna” atrae al toro, para
fingir un combate que ya hace tiempo no es tal: su enemigo ya esta
lleno de sangre y se mueve pesadamente por la arena con seis
banderillas en el cuerpo, con la cabeza gacha, no por querer atacar,
sino porque los músculos de la nuca fueron seccionados para que sea
un blanco fácil para la espada del valiente torero. Pobre del toro
que se caiga y por su debilidad no quiera moverse. Todavía no puede
morir. Se le levanta violentamente tomándolo del rabo y de los
cuernos, el toro tiene que “luchar”, para que el asesino
comprado, envuelto en terciopelo y seda, le pueda dar con mano
experta la estocada final por 100.000 Euros, un sádico de pies a
cabeza, cruel y cobarde, vanidoso y codicioso de dinero, que además
ultraja al animal moribundo cortándole las orejas y los testículos,
para de una manera obscena dejarse festejar con tales trofeos.
En ningún otro sitio se ponen al descubierto los instintos más
bajos del ser humano ante el público y de manera tan desvergonzada
como en la plaza de toros. Y a pesar de esto, presidentes y
ministros de España y Francia acuden a ese bullicioso y atronador
caldero de brujas de la crueldad en Salamanca y Madrid, en Nimes y
Carcassonne, para regocijarse con los rituales de tales corridas de
toros.
¿Qué clase de personas son éstas, que en nombre de la tradición
o por motivos de su carrera fomentan estas crueldades? Son los
alcaldes y ministros, quienes se ocupan de que estas vergonzosas
diversiones reciban subvenciones del Estado. Son obispos y
sacerdotes los que bendicen este juego satánico y se sientan en las
gradas de la plaza de toros. Es la masa de turistas que visitan España
curiosos y boquiabiertos, y primero piensan, “esto hay que
verlo”, pero que muchas veces después se apartan de ello
consternados porque no están acostumbrados a la embriaguez
sangrienta de la corrida. Y son la fina capa de “aficionados”,
seguidores fanáticos de los masacradores de animales, una minoría,
cuya influencia política llega hasta la Comisión Europea a través
de las cancillerías de los gobiernos de Madrid y París, para
evitar que esta barbarie indigna del hombre y del animal acabe por
fin.
Todo lo siguiente es objeto y tema de las acusaciones actuales:
1) La terrible tortura de los animales durante la preparación
de los toros para la corrida y durante su agonía en la arena.
2) El embrutecimiento y la desmoralización de la sociedad a
causa de la crueldad de las corridas de toros.
3) El subvencionar esta vergüenza cultural con fondos
presupuestarios públicos, a pesar de que la mayoría de la población
está en contra de las corridas y fiestas similares.
4) La adaptación de la legislación vigente a favor de la
extensión y el reinicio de los espectáculos taurinos en ciudades y
regiones en los que éstos ya habían sido suprimidos.
5) La ignorancia de los responsables cuando se establecen
prohibiciones legales que protejan a los animales.
Los acusados son el Presidente de la Comisión de la Comunidad
Europea, el Comisario de la Unión Europea para la Agricultura y
Pesca, el Primer Ministro de Francia y el Ministro de Agricultura
francés, así como el Presidente del gobierno de España y el
Ministro de Agricultura español.
Seguidamente pasamos a escuchar la exposición de las diferentes
acusaciones, en las cuales convocamos a testigos y peritos, y
presentamos como pruebas de la acusación algunos extractos de
documentales que serán proyectados.
Informe final del abogado de la acusación
La reunión plenaria de hoy y las declaraciones de los testigos y
peritos hacen llegar, en un resumen final, a las siguientes
conclusiones:
1) Las corridas de toros en España y Francia constituyen una
cruel tortura de los animales, que ocasionan dolores indecibles a
las víctimas.
2) El ejercicio de las corridas de toros permite que el alma
de los niños y jóvenes sean envenenados: Escuelas taurinas en España
y Francia, en las que jóvenes masacran a terneros y se acostumbran
a la crueldades de las corridas de toros, son un delito contra la
humanidad.
3) No sólo dañan los principios éticos fundamentales, sino que
también infringen innumerables reglamentaciones legales, que a
nivel nacional ya prohíben las crueldades en su ejercico práctico
y en los lugares practicados. En Francia el código penal ha sido
interpretado tan generosamente en relación a las corridas de toros,
que ya se aproxima a una violación de la ley.
4) La mayoría de la población está en contra de las
corridas de toros; sin embargo, éstas son subvencionadas con los
fondos públicos de los impuestos, tanto por un gobierno nacional en
particular como también a nivel europeo. Una diferenciación entre
las subvenciones destinadas a la agricultura en general y las
subvenciones destinadas a las corridas de toros es posible, pero se
ha malogrado hasta ahora debido a la ignorancia de los responsables
políticos.
5) A nivel europeo falta una prohibición de las corridas de
toros; en su lugar la reglamentación existente es infringida con
medidas a favor de esta crueldad en las plazas de toros.
Las pruebas han demostrado que todos los políticos acusados son
culpables en los siguentes puntos:
1) El Presidente de la Comisión, Romano Prodi, es culpable de haber
descuidado los intereses de toda Europa, porque no se ha preocupado
de establecer una prohibición de las corridas de toros en la
legislación europea.
2) El Comisario agrario, Dr. Franz Fischler, es culpable de no
haber intentado establecer con la seriedad necesaria una
diferenciación entre las subvenciones a favor de la crianza de
toros de lidia y la crianza de otras reses, a pesar de que ésto
hubiera sido posible. De esa manera ha despilfarrado millones de
fondos presupuestarios europeos, provenientes de los impuestos, a
favor de las crueldades de las corridas de toros y se ha hecho
corresponsable de esa culpa.
3) Los jefes de gobierno de Francia y España, el Primer
ministro, Sr. Raffarin, y el Presidente, Sr. Aznar, así como sus
ministros de agricultura –aquí tenemos que incluir al francés y
al español–, son culpables a nivel nacional de subvencionar la
crueldad de las corridas de toros y apoyarlas políticamente. Además
han omitido tomar medidas que legalicen la prohibición del maltrato
animal en las plazas de toros.
La acusación pide por ello la declaración de culpabilidad de
los acusados en los puntos mencionados. Sin embargo, no persigue en
primer término la condena de los responsables, sino la aplicación
de los derechos de los animales a vivir y a su bienestar. Por ello
se hace la propuesta de que el Tribunal incluya en su sentencia las
siguientes condiciones:
1) Incluir en la Constitución Europea la protección de los
animales como una meta más de la Unión Europea.
2) Suprimir del acta número 33 del Acuerdo de Amsterdam, según
el cual la Comunidad Europea se responsabiliza de las exigencias del
bienestar de los animales en su totalidad, la excepción que permite
que esta ley no tenga validez cuando se trate de costumbres de los
países miembros en relación a ritos religiosos, a las tradiciones
culturales y a la herencia regional.
3) Introducir en la Legislación Europea una prohibición
expresa de las corridas de toros.
4) Suprimir inmediatamente las subvenciones de las corridas de
toros.
Hasta aquí nuestra solicitud al Tribunal. La más importante se
refiere a la introducción de la protección de los animales en la
Constitución Europea, como meta que afiance las actuaciones
estatales. Mientras la Constitución Europea proteja sólo la
dignidad de las personas, pero permita que se pisotee la dignidad de
los animales –por lo demás no sólo en las corridas de toros sino
tambien en los establos de crianza de la ganaderia intensiva–,
mientras esto siga siendo así, la Europa unida no puede definirse
como aquello que está establecido en el preámbulo de su Constitución:
Ser portadora de la civilización y del progreso. Mientras en Europa
se pueda seguir torturando a animales hasta matarlos, para que una
masa humana vociferante se divierta con ello, seguirán sonando a
huecos todos los juramentos de humanismo y de dignidad humana.
Los amigos de los animales de toda Europa comprobamos
consternados que el convenio de la Constitución Europea sólo ha
tenido en cuenta a los seres humanos, pero no a las criaturas que
les acompañan. En ninguna parte los animales han sido incluidos en
la propuesta de la Constitución Europea. En su lugar se habla de la
“herencia moral y religioso-espiritual de Europa”, sin haber
notado qué desgracias conlleva esa herencia. Junto al dominio
colonial y a las guerras religiosas, al terror por las cuestiones
relativas a la fe religiosa, a la quema de brujas, no por último es
también parte de todo esto el desprecio a los animales, que ha sido
fomentado durante siglos por las Iglesias, lo que ha seguido siendo
apoyado hasta hoy en las corridas de toros.
Hubo tiempos en que nadie se escandalizaba del comercio con esclavos
o de la opresión de la mujeres o de la quema de herejes, hasta que,
de época en época, los seres humanos nos fuimos dando cuenta de
que éramos bárbaros si manteníamos a las personas esclavizadas,
si discriminábamos a las mujeres y torturábamos a los que
profesaban otras creencias. Ha llegado el momento en el que también
en relación a los animales deberíamos darnos cuenta de ello y
tengamos remordimientos de conciencia. No podemos celebrar una
cultura europea sin recordar las palabras de Tolstoi: “De asesinar
a los animales a asesinar a seres humanos sólo hay un pequeño
paso”. No podemos celebrar nuestra cultura cristiana ignorando al
mismo tiempo al Maestro de Nazaret, que dijo, como es sabido:
“Quien tome la espada precerá por la espada” El no hizo ninguna
excepción con la espada del torero.
Europa no se dirige a un buen futuro si en su Constitución quiere
establecer un concepto antropocéntrico del mundo y no considera a
los animales. Este proceso judicial no ha tenido lugar por
casualidad en Bruselas. Amigos de los animales de toda Europa están
aquí y exigen a la Asamblea constitucional y a todos los políticos
responsables: ¡No os olvidéis de los animales! Protegedlos de las
crueldades del hombre. ¡Acabad inmediatamente y de una vez por
todas con las corridas de toros!